
Lluvia. Pequeñas gotas que se esbozan y resbalan por mis manos y labios.
Abro los ojos, frente a mi, un cuadro peculiar, me siento libre.
Estaba en mi casa durmiendo, cuando de pronto, al voltear, sólo tu aroma me hacía compañía. Dí un suspiro, abracé las sábanas para mentirme y decir que nada había sucedido.
Me levanté descalza, semi desnuda; sin encontrarte me resigné a pensar que el dolor ya pasaría. La realidad es que, nosotras, siempre amamos MÁS que los hombres y por ende, sufrimos más.
Tomé mi walkman y comencé a danzar en aquél refugio desolado. En mi cabeza, Sigur Rós me arrullaba, pero en aquella sinfonía de recuerdos, las lágrimas me hicieron cambiar de curso; sobre la cama, un poleron, su favorito, una de las pocas cosas que conservaba. Al estar arropada en él, tomé mi walkman y lo guardé con aire veloz en el bolsillo. Descalza, emprendí un viaje sin rumbo ni fin.
Con el rostro oculto tras aquella máscara de lágrimas, el calor de las sábanas se fue esfumando con cada paso que daba a la deriva.
Sentí el peso de las miradas a mi alrededor, atónitos tal vez ante el paso solitario y con cierto dé jo de fragilidad, y a la vez, demacrado y desorientado.
El frío se hizo presente, y el asfalto besaba crudamente mis pies desnudos. Miré el cielo con tal devoción, que de pronto sentí que era la primera vez que lo tenía frente a mis ojos, nuestra primera vez cara a cara. De pronto, una emoción nueva, desbordaba en mí una angustiosa alegría, mientras el viento mecía mis cabellos y besaba mi cuerpo.
De pronto, distinguí el agua escurrirse lenta y sutil por mi rostro, mis labios, mis manos, pies, espalda, cabellos; La música aun retumba en mi cuerpo, corro, corro, subo el volumen, suspiro, lloro, me rasguño, no entiendo, lloro, corro, grito, me tomo el pelo; me detengo.
Sólo mis pies podrían haber hablado y contarme cuanto tiempo corrí; sólo ellos eran mis ojos.
Frente a mi, una gran poza de agua en mitad de la calle, me dejé llevar, dí un salto , sin dejar de pensar en lo lejos que anhelaba estar, deseé soñar menos, lloré al amar tanto; así, hundí mi pie en ella, cerré los ojos y deje caer.
Sí, yo también recuerdo eso de reírse sola.
Abrí los ojos. Un banco solo y triste bajo un cielo infinito, opaco y a la vez, deslumbrante con un manto de estrellas. Como ni porqué, no sabía nada, las preguntas no me sobresaltaban en aquel sitio. Me sentí feliz, quién sabe, tal vez, aquí pueda dejar de pensar.
Me senté frente aquel coloso paisaje, el viento abrazó mi sonrisa. Aquella soledad era mía y de nadie más.
No quise cerrar los ojos, por que de ser así, tendría que asumir lo soñadora que soy y por ende... enfrentar aquella cama vacía.
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Un cuento mío, ahora completo y pulido.
Saludos, tiempo si subir algo.
...:::Pasajera de la Ausencia:::...
Abro los ojos, frente a mi, un cuadro peculiar, me siento libre.
Estaba en mi casa durmiendo, cuando de pronto, al voltear, sólo tu aroma me hacía compañía. Dí un suspiro, abracé las sábanas para mentirme y decir que nada había sucedido.
Me levanté descalza, semi desnuda; sin encontrarte me resigné a pensar que el dolor ya pasaría. La realidad es que, nosotras, siempre amamos MÁS que los hombres y por ende, sufrimos más.
Tomé mi walkman y comencé a danzar en aquél refugio desolado. En mi cabeza, Sigur Rós me arrullaba, pero en aquella sinfonía de recuerdos, las lágrimas me hicieron cambiar de curso; sobre la cama, un poleron, su favorito, una de las pocas cosas que conservaba. Al estar arropada en él, tomé mi walkman y lo guardé con aire veloz en el bolsillo. Descalza, emprendí un viaje sin rumbo ni fin.
Con el rostro oculto tras aquella máscara de lágrimas, el calor de las sábanas se fue esfumando con cada paso que daba a la deriva.
Sentí el peso de las miradas a mi alrededor, atónitos tal vez ante el paso solitario y con cierto dé jo de fragilidad, y a la vez, demacrado y desorientado.
El frío se hizo presente, y el asfalto besaba crudamente mis pies desnudos. Miré el cielo con tal devoción, que de pronto sentí que era la primera vez que lo tenía frente a mis ojos, nuestra primera vez cara a cara. De pronto, una emoción nueva, desbordaba en mí una angustiosa alegría, mientras el viento mecía mis cabellos y besaba mi cuerpo.
De pronto, distinguí el agua escurrirse lenta y sutil por mi rostro, mis labios, mis manos, pies, espalda, cabellos; La música aun retumba en mi cuerpo, corro, corro, subo el volumen, suspiro, lloro, me rasguño, no entiendo, lloro, corro, grito, me tomo el pelo; me detengo.
Sólo mis pies podrían haber hablado y contarme cuanto tiempo corrí; sólo ellos eran mis ojos.
Frente a mi, una gran poza de agua en mitad de la calle, me dejé llevar, dí un salto , sin dejar de pensar en lo lejos que anhelaba estar, deseé soñar menos, lloré al amar tanto; así, hundí mi pie en ella, cerré los ojos y deje caer.
Sí, yo también recuerdo eso de reírse sola.
Abrí los ojos. Un banco solo y triste bajo un cielo infinito, opaco y a la vez, deslumbrante con un manto de estrellas. Como ni porqué, no sabía nada, las preguntas no me sobresaltaban en aquel sitio. Me sentí feliz, quién sabe, tal vez, aquí pueda dejar de pensar.
Me senté frente aquel coloso paisaje, el viento abrazó mi sonrisa. Aquella soledad era mía y de nadie más.
No quise cerrar los ojos, por que de ser así, tendría que asumir lo soñadora que soy y por ende... enfrentar aquella cama vacía.
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Un cuento mío, ahora completo y pulido.
Saludos, tiempo si subir algo.
...:::Pasajera de la Ausencia:::...
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